Extenso, pero intenso y sin desperdicios.
El
puntapié inicial de la última etapa de la Causa RI9 lo dio el Dr. Mario Bosch,
representante de la querella de la Secretaría de DDHH de la Nación, brindando un
alegato claro, con matices emotivos y un interesante contenido político que
aporta y mucho a "entender" el genocidio argentino, si esto fuera posible para
la lógica de la gente bien nacida.
Entender claro está, no se acerca en lo más mínimo a justificar, cuestión que
desde luego no se espera de la querella, de quien no debe provenir otra cosa que
un absoluto repudio. Pero tampoco ha recurrido Bosch a la chicana fácil, al
bastardeo grandilocuente, a la excesiva adjetivación.
Aporta en suma a discutir en el contexto de una causa judicial, lo que quizás
nunca será suficientemente debatido afuera, en la calle, debido a la fuerza de
los temas coyunturales, y a la dificultad que aún tenemos para entender que solo
nos "vacunaremos" definitivamente del autoritarismo cuando dejemos de barrer la
basura bajo la alfombra.
Explica primero la pobreza argumental de "la teoría de los dos demonios", según
la cual los genocidas pretendieron equiparar la violencia "subversiva" con la
que se ejerció desde el Estado, sencillamente porque son cualitativa y
cuantitativamente incomparables, señalando que hasta la Iglesia ampara el
"derecho a la resistencia", omitiendo mencionar el tan debatido artículo 21 de la
Constitución Argentina, que en estos días estuvo en boca de miles de argentinos
por razones de coyuntura política.
Recuerda Bosch para contextualizar debidamente los hechos investigados, que pese
a que se desarrollaron en el marco del genocidio iniciado por los militares en
1976, tiene antecedentes en más de 150 años de desencuentros, pero adquiere
mayor significación desde el "55 cuando fuera derrocado el gobierno
constitucional de Perón, tras un intenso bombardeo a cientos de civiles y
generándose así la proscripción del elemento político mayoritario.
Es allí cuando nace la resistencia peronista, y luego en el plano internacional
la revolución cubana y el mayo francés, hechos que permiten entender aún mas los
dos proyectos de país en pugna.
"El concepto de "subversión"-continúa Bosch- "como elemento distinto
al emergente de la sociedad y sus problemas concretos, fue traído
artificialmente y tratado a su antojo por la dictadura...para el 24 de marzo
prácticamente estaban desarticuladas las fuerzas que ellos denominaban "la
subversión" pero se elige un enemigo para desarrollar un plan sistemático".
"Se crea incluso en la dictadura un nuevo concepto de ciudadano, el "occidental
y cristiano", que a poco de investigar se advierte que muchas de las víctimas
eran en realidad cristianos, pertenecientes a las comunidades eclesiales de
base" señala.
"Los militares nacionalistas fueron en realidad idiotas útiles de los
liberales", enfatiza. Esto ha sido tan patético que hasta la obra "El principito"
era considerada subversiva, lo que da cuenta del peligro en el que nos
hallábamos todos, ya que nadie dejaba de ser sospechoso.
En este punto, y para graficar más precisamente el horror de la dictadura,
señala que se introduce el concepto de "desaparición forzada" de forma
sistemática y recuerda las palabras de Videla que decía "¿Qué es un
desaparecido? En cuanto éste como tal, es una incógnita el desaparecido. Si
reapareciera tendría un tratamiento X, y si la desaparición se convirtiera en
certeza de su fallecimiento tendría un tratamiento Z. Pero mientras sea
desaparecido no puede tener ningún tratamiento especial, es una incógnita, es un
desaparecido, no tiene entidad, no está, ni muerto ni vivo, está desaparecido."
Señala luego Bosch lo que significó un aporte significativo de la Causa RI9:
conocer la influencia de la "escuela francesa" en la dictadura militar, cuestión
que lo admite uno de los mas sanguinarios represores argentinos, Ramón Camps,
cuando reconocía que estaban influenciados por los franceses primero y los
norteamericanos después. Esto es reafirmado en la causa por Díaz Bessone y
Harguindeguy a través de los testimonios contenidos en "Escuadrones de la
muerte-La Escuela francesa", documental que fue incorporado oportunamente
al debate.
El aporte local
Pasa luego a valorar los aportes de los testigos víctimas, y
señala los hechos aberrantes a los que han sido sometidos, como el de Gladys
Hanke, quien pone en evidencia la verdadera naturaleza de los operativos de
"acción cívica" denominados TobaI, Toba II, Toba II y Toba IV, que manifestaban
la supuesta voluntad del Ejército de acercarse a la población, cuando en
realidad se trataba de detener a gente en el interior. Esto fue ratificado por
documentos aportados por Martín Almada, el Premio Nóbel Alternativo por la Paz,
que extrajo de un grupo de mas de tres toneladas de papeles que dan cuenta de la
poderosa organización represiva supranacional y que dio en llamarse Plan Cóndor.
También se refirió a lo que narraron algunos testigos que habían sido sometidos
a "Consejos de Guerra", simulacros de juicios donde le nombraban un defensor de
oficio a los detenidos que no era más que un subteniente o teniente, que muchas
veces ni siquiera era abogado y que además reconocían sentirse sus enemigos. "Después se dijo acá que los detenidos
sometidos a Consejos de Guerra tenían todas las garantías...insólito" dijo
recordando la célebre frase del Dr. San Emeterio, letrado de Barreiro y De
Marchi, quien pretendía demostrar la "legalidad" de esas fantochadas .
Señala luego que deben instruirse los casos que surgieron a la luz de esta
Causa, como las desapariciones de Dorita Noriega y Fernando Piérola, ambos son
posibles víctimas de la masacre de Margarita Belén, hecho del que habría
participado Losito, uno de los principales imputados.
Desnuda luego con claridad la inconsistencia de la defensa de De Marchi, quien
sostenía que se retiró el 20 de agosto del "76, pero en cuyo legajo aparece
reiterando su pedido de retiro en noviembre de dicho año.
Además el ex-Capitán, sindicado como jefe de la asociación ilícita, argumentaba
que las tareas militares eran incompatibles por ley con la actividad privada,
por eso debió retirarse, sin embargo él mismo presenta una escritura de la venta
de un campo donde figura como Administrador del Establecimiento "Santa Rosalía"
de la familia Millán, pero sucede que la operación se efectuó el 11 de agosto de
1976, nueve días antes de su retiro, lo que demuestra que no existía tal
incompatibilidad o en todo caso él la transgredía sin dificultad."Y fíjese que casualidad, Sr.
Presidente, la venta la efectuó a Blaquier, involucrado con "la noche de los
apagones" en Ledesma, Jujuy, en una suerte de solidaridad genocida" afirmó
Bosch.
También menciona un elemento contundente contra la defensa de De Marchi que
surge del expediente de su lugarteniente Losito, quien en septiembre de 1983
reclama al Ejército por secuelas permanentes que le quedaron tras estallarle una
granada muy cerca, oportunidad en la que estaba con De Marchi participando en un
operativo "antisubversivo" en el año 1977. Luego aclara Bosch que debió haberse
equivocado Losito, "ya que el operativo que menciona se desarrolló en
noviembre de 1976...el mismo día en el que, ametralladora en mano, Reynoso dijo
en Gendarmería "muerto el perro se acabó la rabia".
De cualquier manera Losito reconoce allí que De Marchi seguía siendo su jefe
en noviembre de dicho año, meses después de su supuesto retiro.
Se queja luego de la crueldad de la desaparición forzada, ya que "es un
hecho que trasciende a todas las religiones la necesidad de realizar el
duelo...encima no solo no dicen aún hoy dónde están sus restos, sino que además
canallezcamente algunos dicen que los desaparecidos están en tal o cual lado".
Las últimas palabras
Un momento de emotividad se dio cuando Bosch recordó lo que
probablemente hayan sido las últimas palabras del desaparecido Ramón Vargas y de
Rómulo Artieda, en el caso de este último el destinatario fue Jorge Trainer,
quien declaró "veo que pasa una
persona que me dice “vos sos fulano de tal”, si le digo, “yo soy Rómulo
Artieda”... y me dice “yo creo que todos ustedes van a salir”, y me dice “yo
estoy tratando de pasar a la U7 pero no creo”, y después me dice “mirá fulano,
si yo no salgo decíle a mi mamá que la quiero mucho”.
El mensaje final del "Mono" Vargas lo recibió su amigo el "Chengo" Almirón,
quien recuerda que le preguntó “Mono que pasó, ¿que te pasó?”, y le
dijo “si, me agarraron”, “me pegaron mucho, me torturaron, me van a matar”
le dijo, “no Mono, que te van a matar, yo estoy vivo acá, no, no ",
pero Vargas dice con amargura “la detuvieron a mi novia también, la
detuvieron a mi novia, a la Dorita Noriega, a mi me van a hacer algo...hacé el
favor, decíle a mi familia, a los compañeros que yo me porté bien, que yo no
dije nada”.
Luego derrumba uno a uno los argumentos de la defensa de los imputados, pero
quiere cerrar su alocución con optimismo y señala que "a pesar de que le
duela a Harguindeguy, acá los desaparecidos no son como los que dejó Francia en
Argelia, tienen hijos, padres y hermanos que conviven con los represores de sus
familiares... y claro que tienen padres, hermanos, hijos, Sr. Presidente...por
eso estamos acá, buscando Justicia".
Bosch se refiere a la desaparición de Ramón Vargas
241 años de prisión
El Dr. Domínguez Henaín, representante de la Secretaría de Derechos Humanos de
la Nación, solicitó penas máximas para dos de los principales imputados, los 25
años que correspondían a los delitos gravísimos al momento de suceder los hechos
juzgados en la Causa RI9, acaecidos en el marco de la represión ilegal de la
dictadura en Corrientes. Si el sistema penal argentino hubiera permitido la
acumulación de penas, De Marchi y Losito en realidad tendrían que cumplir 241
años de prisión, debido a la cantidad de delitos graves cometidos en concurso
real.
La situación de Barreiro, a quien se le imputa además el homicidio de Rómulo
Artieda, es significativamente más grave e incluso no cabe siquiera valoración
de la escala penal, sino reclusión perpetua directamente, ya que
así lo indica incluso la ley penal mas benigna.
Por el gendarme Reynoso y el ex-Sargento Píriz, del Ejército, pide 18 años,
en virtud de la menor responsabilidad por la escala jerárquica de éste último y
en el caso de Reynoso debido a que el auto de elevación a juicio lo acusa de
menos casos que a los demás, pese a que se ha acreditado su participación como
cómplice primario en la detención de Artieda, ya que es quien hizo inteligencia
en la familia de la víctima para dar con su paradero, lo que le valió el apodo
de el "Astíz correntino".
Reynoso acusó incluso en su descargo, a la madre de Rómulo Artieda de haberle
dado la dirección en Posadas donde el joven militante habría estado oculto,
según el imputado doña Esther lo hizo para aprovechar su pertenencia a
Gendarmería y "salvarlo" de ser detenido por la patota del Ejército.
Una
carta de la madre sin embargo, que está incorporada al debate y nunca llegó a
manos de Rómulo debido a que el que debía entregarla fue detenido, revela que
doña Esther Galarza de Artieda nunca supo la dirección de Rómulo en Posadas, ya
que en la posdata de la misma le solicita a su hijo que se la envíe,
lamentándose de que había recibido una proposición para llevarla a Posadas y no
lo pudo hacer porque carecía de esa información.
No se desprende de allí otra cosa que una mayor perspectiva para cuantificar el
cinismo de Reynoso, lo que en términos de penas mayores no le suma ni le resta
nada, solo suma dolor a la familia Artieda, pero eso no cuenta demasiado en la
escala penal.
En la carta hallada en septiembre de 1976 entre las pertenencias de una de las
víctimas, doña Esther le cuenta a su hijo que se acordó mucho de él el día de su
cumpleaños (13 de agosto), y que deseaba que cumpliera muchos años más. Hoy se
sabe que los deseos de doña Esther no se cumplieron, ya que en julio de 1977 fue
hallado el cuerpo de Rómulo en aguas del Río Paraná, un mes antes de cumplir 23
años.
Una clase de derecho
El inicio del alegato de Domínguez Henaín fue una verdadera demostración de
conocimiento profesional, en la que se detuvo a analizar el porqué de la
anulación de las leyes de impunidad, definiendo además con precisión y soltura
el significado de "delitos de lesa humanidad", mencionando claro está, desde el
artículo 29ª de la Constitución Nacional hasta una interesante valoración del
derecho consuetudinario y su clara primacía en el Derecho Internacional.
Menciona como antecedentes que califican a los hechos juzgados en la Causa RI9
como delitos de lesa humanidad, el Juicio de Nuremberg y el del Tribunal de
Tokio, jurisprudencia sentada mucho antes que se produjeran los delitos
cometidos por el grupo de tareas que comandaba De Marchi.
Uno a uno dio por tierra con los argumentos defensivos, incluso con el que se
pretendía teñir de pseudo legalidad al centro clandestino afirmando que "todo el
mundo sabía que allí había detenidos". En este caso explica los alcances
semánticos y legales del término "clandestino", pero no se priva de dar un
ejemplo de sentido común: la quiniela clandestina es conocida por muchos,
cientos de levantadores de apuestas y jugadores compulsivos que buscan en ese
circuito mayores ganancias que en el marco legal, pero eso no implica que no sea
clandestina, porque precisamente el carácter de "clandestinidad" no surge de la
popularidad o grado de ocultamiento social, sino de los más elementales
principios de legalidad y legitimidad.
La dura tarea de buscar Justicia
Con ánimo sereno, reconoció que no es grato pedir penas, porque las mismas no
solo afectan a los imputados sino a su círculo íntimo, es decir a los familiares y
amigos. Pero también se imagina el horror que debió haber sido sentir en el
centro clandestino el ruido de los mocasines acercándose, sabiendo que lo podían
torturar a uno, o "en el mejor de los casos" se llevarían a otro, un compañero,
un ser humano que lastimaría la conciencia de todos con sus gritos aterradores.
También debió haber sido horrendo saber para Rómulo Artieda o Ramón Vargas que
iban a ser asesinados, ya que ambos mandaron mensajes a sus familias a través de
compañeros de infortunio, lo que indica que intuían la suerte que irían a
correr: Ramón Vargas continúa desaparecido y los restos de Rómulo Artieda fueron
identificados tras ser exhumados de una fosa común en el Cementerio de
Empedrado.
Por último admite lo duro que debió haber sido para los familiares de ambos no
saber donde están, no poder hacer el duelo, cuestión de la que perversamente se
le privó a doña Esther hasta su muerte. Sus hermanos y demás seres queridos
podrán sepultarlo finalmente, pero su mamá no pudo esperar a reencontrarse con
él, tras años de incesante reclamo.