De Marchi y Losito los más implicados, también fueron mencionados Barreiro y Reynoso.

Con
los dos primeros testimonios los que fueron señalados fueron De Marchi y Losito.
Uno acusado de graves vejámenes, el otro hasta el momento, solo de ser parte del
Grupo de Tareas.
Esa voz...
En el primer testimonio, una ex-detenida que actualmente tiene 67 años de edad
relató el horror que le tocó padecer desde el 14 de septiembre de 1976. La
detuvieron en su casa efectivos de la Policía Federal quienes la trasladaron a
esa dependencia por Avenida Costanera, refiriéndole que a la noche vendría el
personal del Ejército a interrogarla.
Ello sucedió efectivamente y desde el principio mismo fue sometida a manoseos y
vejaciones sexuales inenarrables, por un sujeto de voz no muy gruesa, con cierta
disonancia, muy particular, y acento no local. Esa misma voz la reconocería en
ocasión de ser interrogada en el ex-Regimiento 9 y cada vez que se retiraba el
dueño de esa voz, y aquel perfume tan particular de quien fuera su abusador el
primer día, ella preguntaba a los conscriptos santiagueños quién era el que
había salido. Siempre, invariablemente, pese a que no siempre eran los mismos
conscriptos los encargados de su custodia, éstos contestaban sin dudar: es el
Capitán De Marchi.
Por el agujero de la frazada, que oficiaba de cortina en las mazmorras del
Centro Clandestino de Detención, ella espiaba a un hombre que siempre pateaba a
los prisioneros indefensos, encadenados y encapuchados. Los mismos conscriptos
lo identificaron como el Subteniente Barreiro. A Losito lo vio a cara
descubierta ya que le mostraba unas fotos de gente buscada por el grupo de
tareas para que los identificara. Ella no tenía en ese momento venda alguna
debido a que sufría una infección ocular por las vendas con apósitos de los
primeros días.
El lugar donde estaba detenida era un galpón con boxes improvisados por armarios
y como "puerta" o cortina tenía una frazada de campaña. En virtud de que estuvo
un tiempo sin vendas y podía espiar a través de un agujero de la frazada, pudo
ver que además de los "estables" siempre habían 10 o 15 prisioneros, y podían
oírse los gritos desgarradores de la tortura que les era infligida.
El abogado de la defensa Dr. Buompadre le preguntó si había cobrado la
indemnización que por ley le corresponde a las víctimas de la dictadura, con la
excusa de que la pregunta tenía como fin "apreciar el valor subjetivo del
testimonio (¿?)", pretendiendo conocer el monto exacto de la misma sin una clara
explicación de la pertinencia de lo solicitado. La pregunta llenó de gozo a los
familiares de los imputados, quienes, vaya uno a saber con qué tipo de ecuación
matemática o de otro orden, parecieron hallar alivio por la vergüenza sufrida
tras el horror que describió la mujer.
El segundo testimonio
José, el segundo testigo, reconoció que conocía a Losito y Barreiro, en razón de
que era amigo de Javier Mauriño, cuñado de ambos e hijo del conocido
caricaturista local "Chaque".
En razón de que observó que en su casa había personal del Ejército y de la
Policía, se dirigió a la casa de un abogado y no lo encontró. Desesperado,
acudió a quien tenía por amigo, y a sus cuñados. Preguntó por Barreiro, con
quien se veía habitualmente y no estaba, entonces habló con Losito, ante quien
se entregó. El mismo Losito le confesó: "Te estábamos buscando".
José tuvo un trato diferente al de la primer testigo, él mismo no sabe porqué,
quizás por su conocimiento con personas influyentes del grupo de tareas, no lo
puede determinar. Lo cierto es que fue testigo, no obstante, de los gritos de
los demás prisioneros y del estado físico deplorable de algunos de ellos.
También refirió que eran custodiados por conscriptos santiagueños.
La defensa de Losito, el mismo que cita al preámbulo como argumento procesal,
pidió un careo entre este testigo y Losito, por contradicciones que
eventualmente podrían surgir mas adelante, lo que obviamente le fue denegado, al
menos hasta el momento en que las contradicciones efectivamente ocurran.
Tras estos dos primeros testimonios, el Tribunal, debido a lo avanzado de la
hora estableció un cuarto intermedio hasta las 17 hs.
Las dos primeras piezas del macabro rompecabezas genocida empezaron a delinear el perfil del terrorismo de Estado en Corrientes, y aún queda mucho por ver. La reconstrucción de la memoria histórica recién comienza.
El rostro del perfume
Hay
voces que no se olvidan, por el timbre característico, el acento "cuasi
-porteño", el tono canchero y burlón...soez. Mucho menos si es acompañado del
recuerdo de las torturas infligidas, y de un fuerte y desagradable aroma,
mixtura de la transpiración, el humo del cigarrillo...y un fuerte perfume.
Dos testigos señalaron al jefe de los grupos de tareas del ex-Regimiento 9 como
poseedor de estas características, pero Hugo Midón, abogado y Delegado Local del
INADI (Instituto contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo), además lo
identificó clara e indubitablemente en medio de la Sala de Debates del Tribunal
Oral Federal. Aquél, el de traje azul, corbata roja, camisa azul clara (celeste)
dijo, señalando a Juan Carlos De Marchi.
Si no estaba clara para algunos la identificación del hombre del perfume, si
acaso la relación que establecía la mujer que denunció a su torturador -
violador entre el perfume y el ex-Presidente de la Sociedad Rural de Corrientes
dejaba dudas al más escéptico, Midón de encargó con su testimonio de
despejarlas.
La primer testigo refería que cuando salía de su celda el hombre del perfume,
ella preguntaba a los conscriptos santiagueños que la custodiaban, quién era el
que había salido. Siempre, invariablemente, pese a que no siempre eran los
mismos conscriptos los encargados de su custodia, éstos contestaban sin dudar:
es el Capitán De Marchi.Midón sin embargo lo reconoce de forma directa, sin
vendas, como el hombre que realiza el operativo de detención en su casa y le
dice "negrito, perdiste la guerra" y luego lo entrevista a cara descubierta en
la Central de Policía. La conmoción alcanzó esta vez a sus familiares y amigos,
que a duras penas recuperaron la sonrisa socarrona con la que posan en el
Tribunal, ésta vez devenida en un rictus amargo y dolido.
Al límite de la resistencia humana, con tres días sin agua, víctima de la picana
eléctrica en tetillas, encías (lo que lo llevó a perder todos los dientes
superiores) Midón no omitió referirse a las heridas del alma, "aquellas que
quizás no vengan al caso en éste ámbito pero quisiera referirlas porque éstas no
se van nunca" aseveró. Pese a todo lo que perdió aquél muchacho de 20 años,
secuestrado un 5 de diciembre de 1975 y vuelto a su entrañable Corrientes tras
el exilio en Alemania, justamente un 5 de diciembre pero de 1984, luego
que le dieran la opción de salir del país gracias a los esfuerzos de las
organizaciones internacionales de derechos humanos, aseveró conmovido pero
enérgico: "yo nunca perdí la dignidad, nunca".
Memorioso
El ex-soldado conscripto Julián Arce, dotado de una memoria
envidiable de la que hizo gala en el Tribunal terminó de complicar a los
imputados. A todos.
Recordaba la cadena de mandos, con nombres y apellidos en algunos casos, con los
apellidos solamente en otros, pero siempre con impresionante precisión. Afirmó
categóricamente que nadie podía ignorar que habían detenidos en el Ex-Regimiento
9, cualquiera sea su rango o función dentro del regimiento, ni siquiera los
civiles, debido a que Tomasella por ejemplo, se encontraba encadenado a la cama
del Hospital Militar.
Lo vio a De Marchi arrastrar de los pelos a una detenida hasta el galpón del ex
Casino de Soldados que funcionó como Centro Clandestino de Detención (CCD).
Señaló además que la tarea del grupo comandado por De Marchi era detener gente y
que ni siquiera estaban en la formación de la diana, obligatoria para todo el
personal independientemente de su rango. Funcionaban como estructura
independiente dentro del Ejército, vestidos de civil, sin obligaciones formales
y con poder absoluto para entra y salir a cualquier hora.
Dijo que Píriz era un hombre muy violento, al que llamaban el boxeador y que los
que más ingresaban al CCD eran De Marchi, Barreiro y Losito.
El quinto testimonio del día fue diferido para el día
siguiente.
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